MISION SAN JUAN CAPISTRANO, LA REINA DE LAS MISIONES


Por Emilio J. Lezcano   carsNtravel.com    Fotos Autor

Uno de los sitios preferidos por los turistas norteamericanos y, muchos extranjeros, tanto por su belleza e historia, es la majestuosa Misión San Juan Capistrano, acurrucada en la pequeña pero preciosa ciudad del mismo nombre, en el Condado Orange (Orange County), en el Sur de California.

En realidad una visita a la misión representa un encuentro con la historia. Fue fundada por primera vez el 30 de octubre de 1775 por el padre Fermín Lasuen y abandonada por temor a los ataques de los indios.

Más tarde una segunda fundación tuvo lugar el 1ro de noviembre de 1776, por el fraile franciscano español Junípero Serra y Ferrer y sigue siendo el centro de atención de aquellos que visitan la región californiana, y está considerada como uno de los centros históricos, culturales, educativos y religiosos de gran importancia en Estados Unidos.

Fray Junípero Serra fue un misionero franciscano que nació en Petra, Mallorca, España, y trabajó con los indios en México hasta los 55 años, edad con la que llego a California. Aquí fundó y trabajó en nueve de las 21 misiones que se construyeron en la región hasta su muerte el 28 de agosto de 1784.

La Gran Iglesia de Piedra, como también se le llama, inició su construcción en 1796 y fue terminada en 1806. Sin embargo, en la mañana del día 8 de diciembre de 1812, mientras se celebraba la Santa Misa, se presentó un devastador terremoto que causó la muerte de 40 neófitos (indios conversos) y la destrucción parcial del gran templo.

Es realmente admirable cómo un grupo de hombres, con escasos recursos económicos y unas cuantas herramientas rudimentarias, pudieran crear y edificar esta misión. El edificio original de San Juan Capistrano fue construido de adobe, arena, madera, hierro, tejas, cueros y mezcla.

Algunos de estos materiales llegaron mediante barcos que zarpaban de España y otros eran traídos por caravanas o de los alrededores de la zona. Las piedras, por ejemplo, fueron traídas desde las áreas que hoy forman parte de Misión Viejo y El Toro. Las piedras eran trasladadas en las espaldas de los indios juaneños, una tribu uto-azteca, que en realidad se llamaban Acjachemem, o en carretas tiradas por caballos.

La iglesia se construyó en forma de cruz y la estructura contaba con seis cupulares, una torre y un campanario con cuatro campanas, dos grandes y dos pequeñas. Por su impresionante figura muchos la llaman “las ruinas de la Gran Iglesia de Piedra”.

El recorrido comienza con una visita a la estatua de Fray Junípero Serra, la cual lo presenta acompañado de un niño indígena. Dentro de la misión se puede apreciar el antiguo molino de aceitunas. En este lugar se puede palpar de cerca cómo se usaban los molinos para moler las aceitunas. En aquellos tiempos, el aceite de oliva se usaba para cocinar, para el uso de las linternas y también se vendía a otras misiones cercanas.

Más adelante visitamos las barracas de los soldados. En esa época, a cada misión se le asignaba un grupo pequeño de soldados, seis o siete en total, para proteger la misión. Los pobladores los conocían como los ‘soldados con trajes de piel’ y su objetivo era proteger el lugar de los ataques de los indios.

Siguiendo este interesante recorrido llegamos a los cuartos de trabajo, situados en el lado izquierdo del edificio. Aquí se encuentra una bodega donde guardaban las carnes secas, frutas y vegetales que se usaban para preparar las comidas.

Muy cerca se llega a cuatro cuartos, tres de ellos están reservados para museos y el otro es una biblioteca. Una de las habitaciones está dedicada a los nativos americanos. Aquí el visitante puede tener una idea como vivían de los nativos antes de la llegada de los españoles.

En otros cuartos se exhiben canastas y artefactos de la antigua California tales como armas, réplicas de barcos españoles y el tanque donde se conservaban los vinos, descubierto en 1960. A todo lo largo del recorrido, se puede admirar un precioso jardín de cactus.

Otro sitio interesante es el jardín de San Francisco. Este lugar fue el hospital de los frailes que atendían y curaban a los enfermos. El hospital fue construido en 1814 y constaba de varios cuartos con camas, cuartos de espera y una capilla. Desde aquí se aprecia una preciosa vista de la Iglesia.

Al llegar a la bodega o almacén, donde se guardaban los granos, grasas y las lanas, se puede admirar dos nidos de golondrinas al final del edificio. Las golondrinas llegan a San juan Capistrano el 19 de marzo, día de San José y regresan a su tierra natal, Argentina, el 23 de octubre, fecha en que se celebra aquí la fiesta de San Juan Capistrano.

En este sitio sucede un fenómeno natural, algo así como un milagro. Cada año, cientos de golondrinas regresan a construir sus nidos en lo alto del techo, donde se encuentran las ruinas y las piedras más viejas de la iglesia. Aquí entre los milenarios arcos, donde el techo se derrumbó durante el terremoto de 1812, es el lugar preferido de las golondrinas.

En el patio central se encuentra la fuente de los Cuatro Evangelistas. Este patio siempre fue un sitio de mucha actividad. Durante la época mexicana era posible ver a la gente del pueblo disfrutando de un rodeo, por las tardes, desde los techos de casas. Por lo general, las viviendas consistían de una recamara y un cuarto de estudio. La chimenea y el balcón fueron agregados por el fraile José Mut, un sacerdote que vivió en la misión de 1866 a 1886.

Las campanas jugaron aquí un papel muy importante. Hoy día, las campanas son usadas sólo en eventos especiales como misas, bodas y funerales. Estas campanas se encuentran en el Jardín Sagrado y aunque no son las originales de la misión, están colgadas en la torre del campanario de la Gran Iglesia de Piedra. Eran muy importantes, porque informaban la hora, llamando a la población a la hora de la comida, los servicios religiosos, el trabajo y descanso.

Las campanas originales, las grandes, son de 1796 y las chicas de 1804, todas construidas en España. Como dato interesante, cada campana tiene su nombres: San Vicente, San Juan, San Antonio y San Rafael, y estaban colgadas, originalmente, en el campanario, pero se dañaron al caer al suelo durante el terremoto de 1812.

Como un dato interesante, cuando el padre John O’Sullivan, responsable de la restauración de la misión, llegó a San Juan Capistrano en 1910, tuvo la oportunidad de conocer al último indio juaneño, el que tocaba las campanas, llamado José de García Cruz, más conocido como Acu. Después de Acu, el campanero oficial por muchos años, hasta su muerte en 1994, fue Paul Arbiso, y en su honor, la responsabilidad del toque de las campanas pasó a su nieto Mike Gastelum.

La capilla fue construida en 1777, el edificio más antiguo de California y, como dato curioso, es la única que queda de las misiones californianas en la que Fray Junípero Serra celebró la Santa Misa.

La última vez que el Fray Serra visitó San Juan Capistrano fue en 1783, un año antes de su muerte y en su honor la capilla fue reconstruida por el Padre O’Sullivan en 1920. El hermoso altar, original de Barcelona, España, está hecho de madera roja de cedro, laminado con pan de oro, y se estima que tiene más de 300 años.

Al final del recorrido se encuentra el cementerio de la misión, donde están enterrados más de 3,000 nativos americanos, mexicanos y españoles. El monumento tiene una cruz que fue dedicada por el Padre O’Sullivan en 1924, como recuerdo de todos aquellos que construyeron la misión. Precisamente la tumba de O’Sullivan se encuentra aquí mismo, cerca del monumento.

Para más información, horarios y eventos especiales, contactar a la oficina Misión San Juan Capistrano, 26801 Ortega Highway, San Juan Capistrano, CA 92675, teléfono 1 949 234-1300. ejlezcano@carsntravel.com

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Emilio Lezcano

Journalist – Editor – Photographer
Professional Race Car Driver